Columna de Miguel Santibáñez
FORO SOCIAL MUNDIAL 2009:
LA REALIDAD FRENTE A LOS DESEOS
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Ha sido –en definitiva-, otra manera de comprender y practicar la democracia. Éste es tal vez el gran valor del Foro Social Mundial y el movimiento que lo acompaña. No por casualidad surgió asociado a Porto Alegre y la experiencia de participación que ahí se daba. Una nueva conceptualización de la democracia, que viene de los ciudadanos y ciudadanas, que gestionan, participan, actúan, vigilan, exigen rendición de cuentas y enriquecen la vida democracia de sus territorios. |
La sociedad civil internacional que había tenido una larga trayectoria de movilizaciones y luchas, desde prácticamente la post guerra, encontró en el año 2001 un instrumento en el Foro Social Mundial para activar intercambios, impulsar movilizaciones y reivindicar la idea de que “otro mundo era posible”, y específicamente establecer una oposición frente a la globalización neo liberal.
Sirvió esto para instalar una postura contradictoria ante el acontecimiento de Davos, que paralelamente congregaba a las elites dominantes del capitalismo global. Desde un inicio no se propuso una carta de navegación demarcada para el rumbo del Foro, si éste era una feria mundial, un movimiento político destinado a incidir en la política global, o un movimiento que apoyara a las fuerzas políticas internacionales más proclives a los fines de los participantes dominantes en el Foro, era algo para definir más adelante.
Ahora en 2009 en Brasil, ha “corrido mucho agua bajo el puente” y el Foro hace años que está siendo tensionado y analizado acerca de su eficacia en tanto espacio de referencia global de los movimientos, grupos que reivindican derechos, organizaciones, intelectuales, ONG, sindicatos y ciudadanía internacional.
Una primera condicionante es que este encuentro internacional cada vez más está limitado por una serie de quiebres o pliegues que se encuentran en curso y que se dan en la coyuntura internacional. Si su origen fue tempranamente marcado por los acontecimientos del 11 de Septiembre de 2001. Ahora, al término del mandato de Bush y el inicio de la era Obama, presagia algún tipo de modificación de las correlaciones internacionales desde un unilateralismo arrogante hacia un multilateralismo que no sabemos qué profundidad y característica tendrá.
La aparición de la crisis económica global que parece ser la más grave en 50 años, y que hasta el momento parece representar el fin de la globalización financiera dogmática, establece además un escenario de titanes en el cual se comienza a disputar el modelo de salida y de regulación que tendrá el capitalismo en el futuro. Las señales por un lado evidencian un creciente rol de los gobiernos, por tanto una renovada revalorización de la política por sobre la economía. Sin embargo, también hay señales más descorazonadoras, ya que cuantiosos programas de salvataje a instituciones financieras revelan una generosidad que nunca se ha manifestado cuando la sociedad civil lo ha demandado para superar el hambre, la desigualdad o la falta de desarrollo en la mayor parte de nuestro planeta.
El reciente ataque de Israel en la Franja de Gaza, junto con mostrar el salvajismo propio de la operación militar, revela además la debilidad de la institucionalidad internacional, que no pudo alterar la estrategia que se basa en el poder de fuego de determinadas potencias internacionales. Esto quedó revelado además con la manifiesta incapacidad de Naciones Unidas, e incluso en la agresión material que funcionarios de esta organización internacional debieron soportar en el curso de los acontecimientos.
A esto se agrega una serie de crisis humanitarias que persisten en África, Haití y la mencionada en Medio Oriente sin posibilidad de que la comunidad internacional les haga frente. Son parte también de otras crisis, tal como la crisis alimentaria global, la dificultad por avanzar en las negociaciones comerciales internacionales, las limitaciones que ha tenido el debate sobre financiamiento al desarrollo, y otras.
El telón de fondo que se nos presenta en Belem do Pará es representado por el problema y evolución de los debates sobre el cambio climático, los problemas ambientales, donde el propio hecho de efectuar el Foro en la Amazonía significa la resistencia de los modos de vida locales frente a la depredación con que actúa el capital internacional, y frente a los acelerados procesos de deforestación que avanzan inexorablemente.
Entonces, la realidad contra la cual choca una visión ideal de las posibilidades del Foro Social Mundial sobre un ideal originario que planteaba construir “otro mundo posible” como “alternativa” o “proyecto político” parece llegar a su fin. La realidad frente a los deseos. Y la realidad nos indica que el rol, o si se quiere, el nivel de desarrollo alcanzado por la institucionalidad social de gran parte de las organizaciones globales de la sociedad civil, tiene límites evidentes.
Esto paradojalmente, nos abre definitivamente a reconocer el verdadero valor de iniciativas como las del Foro Social Mundial, ésta vez el que se despliega en BELEM do Pará.
Además de ser una buena muestra de estas perplejidades que recorren hoy en día a la ciudadanía en distintas partes del globo; también son expresión de la pluralidad de ideas, propuestas y construcción de territorios ante la crisis de la globalización neoliberal.
Centenares de actividades autogestionadas, miles de personas venidas de todo el mundo, planteando sus demandas concretas y también sus utopías. Los pálpitos, prácticas, nuevas ideas, van mostrando el verdadero valor de una ciudadanía global en movimiento que coloca antes el valor de sus prácticas reales de lucha, la existencia verdadera de sus territorios en disputa, como la verdadera potencia de un sector que se desarrolla y se organiza.
Ha sido –en definitiva-, otra manera de comprender y practicar la democracia. Éste es tal vez el gran valor del Foro Social Mundial y el movimiento que lo acompaña. No por casualidad surgió asociado a Porto Alegre y la experiencia de participación que ahí se daba. Una nueva conceptualización de la democracia, que viene de los ciudadanos y ciudadanas, que gestionan, participan, actúan, vigilan, exigen rendición de cuentas, enriquecen la vida democracia de sus territorios.
Plantean nuevos temas e imaginan otros. Probablemente entonces, el verdadero aporte y valor del FSM no se encuentra en la exigencia de eficacia política y la materialización de acumulación de poder político, esta idea es más simple y más pedestre, pero significa un avance sideral, connotar a la democracia como prácticas ciudadanas que van de lo local a lo global, complejas y probablemente llenas de contradicciones, pero en definitiva, reales.
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