Columna de Miguel Santibáñez
Financiamiento, Vulnerabilidad Territorial y Cambio Climático
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El 25 de septiembre se llevará a cabo en París el seminario "Lucha contra el cambio climático: ¿Qué régimen multilateral más allá del 2012?". En la oportunidad el presidente de JUNDEP, Miguel Santibáñez expondrá sobre el tema "Financiamiento, Vulnerabilidad Territorial y Cambio Climático". Lea parte de lo que será su participación en la cita. |
Hablar sobre el cambio climático se puso de moda. Y lo agradecemos porque lo que ha sucedido en realidad, es que lo que era un tema de organizaciones de la sociedad civil, ambientalistas y académicos especializados, se ha transformado en una preocupación para toda la humanidad. Hoy en día ya nadie cuestiona la responsabilidad del hombre en la emisión de gases invernaderos que provocan el alza de la temperatura en el planeta. Un dato de la causa que es innegable en el campo académico y también en el político. No es menor que el Premio Nobel de la Paz 2007 haya sido entregado al Panel Intergubernamental de Naciones Unidas para el cambio climático, IPCC (integrado por más de 2 mil científicos de cien países), junto a uno de los grandes impulsores mediáticos de esta problema en el mundo, Al Gore.
Los efectos en el planeta han sido detalladamente estudiados por la academia y los propios ciudadanos hemos sido testigos de la variabilidad climática, los desastres naturales, el alza de las temperaturas y la disminución de las reservas glaciares, entre otros. Lluvias torrenciales, inundaciones, nevazones y sequías han puesto en evidencia la vulnerabilidad de las poblaciones en determinados territorios del planeta.
Los desastres climáticos han impactado negativamente a zonas costeras, y a muchos países pobres que si bien han recibido los efectos del cambio climático, poco o nada han contribuido al efecto invernadero. Crisis energética, crisis del agua, crisis alimentaría, crisis financiera son algunos de los efectos que en alguna medida pueden ser asociados a esta situación global. Un pequeño botón de muestra que no hace más que dar actualidad a esta evidencia, es que hace unos pocos días han caído 100 milímetros de lluvia en 4 horas en el sur de Chile, generando efectos desastrosos.
Por otro lado un componente del incremento de los precios de los alimentos en todo el mundo corresponde a la incertidumbre que este fenómeno plantea.
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| Fuente: www.genciencia.com. Foto de Gary Braasch |
Como una forma de paliar esta situación, los llamados costos de mitigación apuntan a disminuir las emisiones de carbono de los países industrializados, generada por la utilización de combustibles fósiles, petróleo, metano, gas natural, entre otros, identificados como los responsables del efecto invernadero. A ello apunta el Protocolo de Kioto, que propone la reducción de estos gases en un cincuenta por ciento de aquí al 2050. Asimismo plantea un Mecanismo de Desarrollo Limpio que permite que parte de esa reducción sea hecha mediante una “certificación”. Esta última permite certificar la reducción de la emisión en los países industrializados mediante el financiamiento de proyectos en países pobres, bajo la condición de que estos contribuyan a “capturar carbono”, y con ello permitan contabilizar como reducción de la emisión, lo que los países desarrollados financian a través del mercado de carbono.
Por supuesto que desde nuestra perspectiva ambas medidas son insuficientes para mitigar los impactos del cambio climático. Las organizaciones de la sociedad civil y los ambientalistas hemos planteado que el ambio Climático es un tema que cuestiona las bases del modelo de desarrollo imperante, basado en la utilización de combustibles fósiles por lo que se requiere un replanteamiento de los modos de producción, de las fuentes energéticas, y de las prioridades de desarrollo.
Entre tanto, los países y territorios más vulnerables deben adaptarse ante los efectos ambientales que esto trae consigo, como son los desastres naturales, con infraestructura, y también contribuyendo con medidas como la generación de energía limpia, y la mantención de “sumideros” de carbono.
Se estima que se necesitan 50 mil millones de dólares al año para trabajar en la adaptación de los países a los efectos del cambio climático. Esto está lejos de ser una promesa cumplida. A ello se suman los 50 mil millones de dólares anuales necesarios para el logro de los llamados Objetivos de Desarrollo del Milenio que acordaron 180 jefes de Estado y de Gobierno en Naciones Unidas, en el año 2000 para enfrentar 8 objetivos específicos de pobreza y desarrollo que deben ser cumplidos el 2015. A esto debemos agregar el compromiso asumido por los países de la OECD de contribuir con el 0,7 % de Producto Interno Bruto anual como Ayuda Oficial al Desarrollo.
Todos estos montos deben considerarse adicionales, dado que se destinan a objetivos distintos, y ninguno de ellos se está cumpliendo.
La pregunta es cómo se financia esto en los países más pobres que día a día continuarán padeciendo los estragos del cambio climático, del cual no son los responsables ni causantes. Sobre todo si estos montos comprometidos no llegan, y si otros mecanismos de transferencia de recursos como los que se negocian en la Organización Mundial de Comercio se encuentran bloqueados.
Hablamos de una justicia en el comercio internacional, eliminando barreras y cuotas que establecen unilateralmente los países industriales, así como los subsidios que dichos países industriales entregan a sus productores, particularmente a los agrícolas.
El debate ya está instalado.
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