Francisca Rodríguez
Encargada de Relaciones Internacionales de ANAMURI
“Nuestra lucha es que se reconozca y mantenga el papel central de las comunidades indígenas y campesinas”
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Parte del discurso pronunciado por la encargada de Relaciones Internacionales de ANAMURI, en el marco de la actividad autogestionada “Procesos de integración regional: balance y desafíos para la acción de los movimientos sociales del Programa Mercosur Social y Solidario”, en el Foro Social de Asunción. |
“Tenemos un proceso de integración que no está mirando la relación entre países iguales donde podamos definir y hacer una repartición de nuestro territorio continental de tal manera que responda de mejor forma a las necesidades de nuestros pueblos.
Hoy día la integración está vista en función de quiénes son los que pueden sacar más provecho, que no son nuestros países sino que fundamentalmente va dirigido a las grandes ganancias que acumulan las transnacionales que se van apoderando de nuestros recursos naturales y de nuestros territorios.
Uno de los temas más grandes que estamos enfrentando es el acaparamiento de tierras y es poder saber desde nuestros países cuánta es la tierra que hoy día está en nuestras manos, de quién es la tierra, quién la maneja, qué produce cada país y para quién lo hace.
Recorrimos el continente y vemos lo que pasa en Centroamérica con el desplazamiento de la mano de obra que es justamente lo que necesita el capitalismo: una mano de obra flotante que está desprotegida social y económicamente, que no genera problemas ni conflictos porque está en una situación permanente de peligro porque está hecho en la oscuridad, en la ilegalidad, fuera de los marcos legales que debieran existir para nuestros derechos porque dentro de este proceso de integración hemos tenido una pérdida terrible de nuestros derechos.
Cuando surge el Mercosur el proceso nos pilla tratando de rearmar nuestras luchas luego de largos procesos de dictadura vividos en la Región; y cuando pensamos que habíamos alcanzado la democracia nos dimos cuenta que nuestro continente estaba vendido y estaba impuesto el capitalismo en todas sus dimensiones. Eso nos lleva a re-articularnos como movimiento para enfrentar este proceso que es de dulce y agrás porque se generan pequeñas instancias de diálogo y participación, pero sin llegar a concretar propuestas comunes por parte de los diversos movimientos. En nuestros países se han generado procesos que muchas veces no han neutralizado. En el caso de Chile hemos vivido procesos brutales para nuestros movimientos y organizaciones. El terremoto fue una muestra muy clara de lo que nos hemos convertido como país y que no se veía desde afuera. Nuestra cultura política se encuentra trastocada y tenemos que ver para donde caminamos dentro de estos procesos que tienen altos y bajos. A veces son esperanzadores y luego se estancan y vamos sufriendo las consecuencias.
Muchas veces habiendo muy buenas intenciones e importantes nuevas leyes no se logran concretar porque la fuerza del capitalismo es mayor. Eso significa un reacomodo un cambio de los que significa la fuerzas sociales hoy día. Tenemos un campo que se está quedando sin campesinos, tenemos mano de obra barata que está conformada principalmente por mujeres y tenemos un movimiento sindical que ante la flexibilidad que se plantea en el trabajo va perdiendo la capacidad de exigir el cumplimiento de los derechos.
Si no hay organización si no hay movimientos que avancen seguimos siendo víctimas de la implantación de un modelo económico que se ha instalado en América Latina y traspasa sus barreras. Estos procesos que hemos vivido que no han sido fáciles nos llevan a buscar cómo reconstruimos los movimientos. Tenemos que hacernos eco de lo que fue la historia. Tuvimos organizaciones populares fuertemente identificadas y con una tremenda capacidad. Hoy nos hemos articulado a través de movimientos sociales que son diversos.
Nuestra madre tierra nos golpea a cada rato con los efectos del cambio climático y debemos generar conciencia de que tenemos que cambiar nuestro sistema productivo y también el económico porque lo que se va a discutir en Cancún es alarmante si es que no nos damos cuenta para donde va la discusión, porque el capital y las empresas han tenido la capacidad de convertir cada problema en negocio y el cambio climático es un negocio. Si no vemos como proceder ante la reducción tendremos una crisis total. Si no vemos lo que está pasando en relación a los bosques y plantaciones tendremos un problema más serio y más grave y para eso tenemos que construir movimientos que nos permitan avanzar en eso.
Nuestra lucha es que se reconozca y mantenga el papel central de las comunidades indígenas y campesinas en la definición de lo que queremos por sociedad y eso es lo que requieren nuestros pueblos”.